Un milagro llamado, Paciencia

Paciencia Melgar Ronda.

« Es necesario ser un poco más generoso, tender la mano y abrir el corazón porque África necesita de los países ricos, igual que estos países necesitan de África»


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« El Señor ha querido sanarme porque

tenía otra misión para mí. Ahora sé que misión es, ayudar y sensibilizar en lo que pueda ».

Paciencia Melgar Ronda, nace en Annobón en el año 1967 hija de Juan (maestro carpintero) y Juana, cómo anécdota contaremos que ya, su nacimiento seria todo un acontecimiento en aquellos momentos:
El día que su madre fue a dar a luz, en el pueblo pensaron que algo Mágico o extraordinario estaba por suceder, unos creían que se iba a acabar el mundo, otros presagiaban, males para las cosechas, la pesca, catástrofes venideros… Todo ello porque lo que vino al mundo eran tres criaturas, es decir, trillizos. Al encontrase su papa (Juan) en aquellos momentos en el trabajo, su madre decidió ponerle a cada hijo un nombre que le recordara aquel extraordinario nacimiento. Llamó Milagrosa al último bebé porque nació casi muerta, una niña; al primero, Diosdado, porque entendía que tener un varón era un regalo de Dios; y al segundo, nuestra protagonista, Paciencia, por el tiempo que tuvo que esperar para que la niña asomara por fin la cara al Mundo.

Como cualquier niña Embô Paciencia pasaría su infancia sin mayores preocupaciones. Las suyas serían como hija que era, las de obedecer y ayudar a una madre, para la que sacar a una familia con 11 hijos, (uno murió a los 9 años de cólera) adelante lo era todo. Como es habitual en Ambô, Su padre para mantener a la familia, también iba a la pesca cada día, y lo que traía se repartía entre la familia y los vecinos. Paciencia y hermanos preguntaban a su mamá por qué lo daba si no iban a tener nada para el día siguiente. Y ella siempre respondía: «La comida es para compartirla». Con los años, Paciencia dejaría la Isla para ingresar en la Congregación de las Misioneras de la Inmaculada Concepción y vivir así su vocación misionera como religiosa.

El año 2014 para Paciencia, sería un año de “Penas y Glorias”. Dos términos que acompañaran a nuestra misionera durante todo ese año:


Penas porque en marzo, conoce la muerte de su madre, Juana.


Glorias, porque lo que comenzaría muy mal, acabaría con la dicha o “milagro” que a continuación les cuento:


Al cuidar al director del centro, se infecta de la fiebre (5/08/2014) hemorrágica del Ébola, en el hospital San José de Monrovia (Liberia), como muchos otros (habia una epidemia originada en diciembre de 2013 en Guinea Conakri ) colegas de la organización, Hospitalaria de San Juan de Dios. Chantal Pascaline, (congoleña, muere el 9 de agosto) y el también voluntario de la orden Georges Combey (muere el 11 de Agosto). El Misionero español Miguel Pajares también sería infectado, este último junto a una monja española que también trabajaba con Pajares en Liberia, Juliana Bohí, fueron evacuados (Miguel fallecería en Madrid mientras qué Bohí daría negativo al Ebola) a España por el Gobierno.


Ignorada por las potencias occidentales y en particular por el gobierno español en una supuesta “repatriación curativa” de… los misioneros, dejados en las más lamentables circunstancias en Liberia nuestra protagonista y todos los otros “africanos” a su suerte.
Encerrada en un barracón del campamento “Elwa”, gestionado por Médicos Sin Fronteras, un lugar en el extrarradio de Monrovia, adonde llevaban a los desahuciados. La mayor parte de los que allí entran salían en bolsas de plástico, camino de las fosas a ser enterrados o a ser incinerados. La situación era terrible, ya que a la dureza de la enfermedad, que provoca fiebre alta, diarreas, vómitos y debilidad generalizada, se unía la situación en la que permanecían los 59 infectados. Pero…, tras 16 días de agonía Paciencia Melgar comenzaría a tener una evidente mejoría. Rezos, fe y paracetamol serían sus únicos aliados. Oficialmente se la daría libre de ébola el 25 de agosto. Pasando después 21 días en cuarentena hasta poderse confirmar que ya no era un peligro. Una vez dada de alta decidió permanecer en el centro para cuidar a la hermana Helena, otra de las monjas de la orden que también superaría la enfermedad. Todo ello ¡lográndolo! sin el suero milagroso que se administraba (en Occidente) a los evacuados infectados.

Paradojas de la vida, a aquella que no quisieron rescatar (no vamos a pensar mal) seria requerida urgentemente por el gobierno español para que donara su sangre. Utilizándola como suero natural para el tratamiento del P. Manuel García Viejo (que falleció antes de recibir el suero de la sangre de Paciencia) y de Teresa Romero (primer caso de contagio de ébola fuera de África) auxiliar de enfermería infectada y curada de Ébola).

El 21 de noviembre del 2014, el Gobierno de España concedió la nacionalidad española a las hermanas Elena Bolo, nacional de Liberia y a "nuestra" Paciencia Melgar Ronda, de Guinea Ecuatorial. Queriendo reconocer así su generosidad y su colaboración "absolutamente desinteresada" al donar su sangre para el tratamiento de los enfermos de ébola. 

Paciencia Melgar



Bibliografía y Fuentes 

Fuentes:

 

lavozdegalicia.es

http://www.rtve.es/noticias/crisis-ebola/