Cuentos, Fabulas y Leyendas Ambô



HANDUMAT



Autor: Jacint Creus - Mª. Antònia Brunat.

- Cuentos Annoboneses de Guinea Ecuatorial -

 

 






En un pueblo muy tranquilo vivía un hombre que desarrolló una extraña propiedad: su pene era tan largo que, a la distancia de un kilómetro, cogía todo lo que encontraba y se lo comía. Por eso la gente le llamaba Hanfumat. Con el tiempo se aficionó a comerse a hombres y mujeres.

Perseguido, pudo refugiarse en las montañas del sureste y por aquellos parejes sembraba el terror en cuantos se acercaban a menos de ese kilómetro que él dominaba.

Un hombre y una mujer que vivían en una casita cercana estaban aterrorizados; debían ir al pueblo a efectuar unas compras y no querían que Handumat les atrapara y se los comiera. ¿Cómo librarse de él? La mujer concibió un plan ante el cual el esposo mostró admiración. El plan era el siguiente:
Él iría por el mar, en cayuco, y ella acudiría al encuentro de Handumat; cuando el maleante quisiera atraparla, gritaría y el marido se acercaría a la costa para recogerla.

Yendo al pueblo, Handumat no apareció por ningún lado. Sin embargo, a la vuelta, la mujer lo vio sentado junto a una palmera. cuando el malvado se dio cuenta de su presencia y ya se dirigía a ella para atraparla, le dijo:

- No te alarmes, Handumat; eres tan maravilloso que he venido a pasar un buen rato contigo.
Pero antes de que estemos juntos sube al cocotero y echa todos los cocos que puedas a este camino cuya pendiente va al mar; es que estoy tan cansada de andar que, antes que nada, debo reponer mis fuerazas.


Handumat estaba excitado por la perspectiva de estar con aquella mujer. Así es que subió rápidamente al cocotero y empezó a tirar los cocos al camino. La mujer los iba recogiendo y cada vez se acercaba más a la costa; hasta que, una vez allí, llamó a su marido y embarcó en el cayuco ante el desespero de Handumat.

El hombre extraordinario, el malvado, el maleante, estaba tan rabioso que, cogiendo uno de los cocos más grandes que quedaban en el suelo, se reventó los testículos y cayó muerto.


Desde entonces se puede ir con toda tranquilidad a las montañas del sureste.

 

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